De un momento relajante a la incomodidad
La última campaña de Dunkin’, pensada para promocionar su bebida Golden Hour Refresher, parecía tener todos los ingredientes para ser un éxito: un actor joven y popular como Gavin Casalegno, una estética veraniega perfecta y un tono relajado que invitaba a disfrutar el momento. Sin embargo, una frase de apenas dos palabras —“¿Este bronceado? Genética”— encendió las redes sociales y puso a la marca en el ojo del huracán.
El video de 35 segundos, publicado el 29 de julio, buscaba transmitir frescura y conexión con la audiencia joven, pero terminó siendo interpretado como una referencia innecesaria a factores genéticos en un contexto social especialmente sensible. El timing tampoco ayudó: el anuncio llegó justo después de la polémica con Sydney Sweeney y American Eagle, que también fue criticada por alusiones al concepto de “genes” en un contexto de marketing de moda y belleza.
El contexto cambia todo
En términos creativos, la frase podría interpretarse como un simple guiño casual al origen natural del bronceado del personaje. Sin embargo, en comunicación de marca, el contexto lo es todo. La cercanía temporal con otra controversia de alto perfil hizo que muchos usuarios vincularan ambas campañas, proyectando sobre Dunkin’ el mismo debate sobre estándares estéticos, representación y referencias históricas a la eugenesia.
La reacción fue rápida: en redes sociales, especialmente en X (antes Twitter), comenzaron a surgir críticas sobre la insensibilidad del guion y sobre cómo las grandes marcas deberían ser más conscientes del impacto cultural de sus mensajes. No faltaron quienes acusaron a Dunkin’ de “surfear” la polémica anterior para obtener visibilidad, algo que, de ser intencional, se arriesga a cruzar la línea entre provocación estratégica y irresponsabilidad social.
Esto demuestra una realidad incómoda para el marketing actual: las marcas ya no controlan la interpretación final de su mensaje, pero sí tienen la responsabilidad de anticipar cómo podría ser percibido en un entorno social hiperconectado y politizado.

Entre frescura y frivolidad
Uno de los problemas de la campaña es que no había una razón clara para incluir la frase sobre genética. No aportaba al mensaje central —refrescarte con un Golden Hour Refresher— y no tenía un vínculo evidente con la narrativa del anuncio. En otras palabras, no era esencial para vender la experiencia de la bebida, pero sí introdujo un elemento con alto potencial de controversia.
Este tipo de “detalles” en un guion publicitario pueden pasar desapercibidos en la sala de juntas, pero en la esfera pública se convierten en detonantes. Las audiencias actuales esperan que las marcas no solo vendan productos, sino que sean culturalmente inteligentes y socialmente responsables. Cuando un anuncio parece ignorar estos códigos, la reacción negativa puede ser desproporcionada en relación con la intención original.
La lección aquí es que, incluso en campañas ligeras o veraniegas, el humor o la informalidad deben evaluarse bajo un filtro de sensibilidad cultural, especialmente cuando las marcas tienen alcance global y sus mensajes viajan a múltiples audiencias con realidades distintas.

Responsabilidad social
La polémica del Golden Hour Refresher reabre el debate sobre el papel de la responsabilidad social corporativa en la publicidad. No se trata solo de evitar ofensas, sino de comprender que cada pieza de comunicación contribuye a construir una narrativa sobre quién es la marca y qué valores representa.
En este caso, Dunkin’ no ha emitido un comunicado oficial defendiendo o aclarando la intención detrás del guion, lo que deja un vacío que ha sido llenado por la especulación del público. El silencio puede interpretarse como estrategia para dejar que la conversación se enfríe, pero también como una oportunidad perdida para mostrar transparencia y empatía, dos valores muy apreciados por los consumidores actuales.
Al final, el riesgo para la marca no es solo perder clientes momentáneamente, sino erosionar la percepción de autenticidad y cuidado que las marcas de consumo masivo buscan mantener.

La controversia de Dunkin’ es un recordatorio claro de que en la era de las redes sociales, cada palabra cuenta. Las campañas ya no son solo evaluadas por su creatividad o impacto visual, sino por cómo se insertan en las conversaciones culturales del momento. En este sentido, las marcas que logran crecer y mantenerse relevantes son aquellas que combinan audacia creativa con una lectura afinada del clima social.
En un mercado saturado de mensajes, el verdadero reto no es solo destacar, sino hacerlo sin comprometer el respeto hacia la diversidad y la sensibilidad de las audiencias. Y eso, más que un requisito de marketing, es un compromiso ético.





